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Nació en tiempos de guerra y sumisión, especialmente para la mujer. En el seno de su familia comenzó a desplegar un espíritu libre, juguetón y atrevido. Aunque pronto tuvo que constreñirlo al sentirse apretada por los corsés educacionales y sociales del momento, teniendo que aceptar acuerdos que no eran de su gusto. Pero su alma viva continuaba guiándola por sendas de luz que la ayudaban a respirar.
Fue casada y dio vida a siete hijas e hijos, a los que siempre entregó lo mejor de lo que dispuso en cada momento. Se separó de su marido con cuarenta y pico años, lanzándose a un vuelo de libertad tan ansiada que, llevando a sus siete crías con ella, rozaron el otro lado del movimiento pendular. Para experimentar vivencias inusuales con las que continuaron elaborando sus caminos. Como parte del balanceo, la velocidad fue disminuyendo hasta que la parada les invitó a sentirse desde dentro.
DULSE LOLA abrió su corazón para entonces poder establecer los puentes antes no construídos y crear las conexiones pendientes. Con habilidad, sabiduría y amor inició una particular emanación de ternura, cariño y cuidados. Y se entregó a la tarea de regenerarse y regenerar.
Fue generosa en todos los sentidos, todavía más libre, juguetona y atrevida. Y lo entregó todo, incluido el respeto a la indiferencia para crear espacios de paz internos y externos.
A la vez se dedicó a animar a otras mujeres necesitadas de abrir puertas a nuevas visiones, posibilidades y formas de vida más liberadoras. Siempre derrochando vitalidad, posibilidades y movimiento inspiradores.
Mi madre, DULSE LOLA, me lo dio todo, para mí es un gran Amor, una fuente de motivación y admiración. Rezo para que haga su viaje en paz y me siga ayudando con su sabiduría.
Agradezco que te hayas dejado compartir, dar, jugar y ser tú misma conmigo. Te amo siempre, pajarita, siento que estás en mí. Te cojo la mano y te despido sonriendo. Somos dos enamoradas del bellísimo reflejo que nos regalamos. Siempre en ti, siempre en mí.
Matricia
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